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Editorial: Al borde del precipicio

| 10 junio, 2021 | Comentario

Podemos decir sin riesgo a exagerar en exceso que el sector nacional del calzado ha vivido en los últimos meses uno de los peores momentos de su historia. A la catástrofe sobrevenida de la pandemia de la covid-19, este año se le han unido dos noticias que han hecho tambalear una industria que no atravesaba sus mejores momentos. Por fortuna, parece que ambos contratiempos van a solventarse felizmente.

El primero de estos anuncios que alertaron al sector llegó con motivo de la publicación del Real Decreto-ley 5/2021, que recogía las medidas extraordinarias de apoyo a las empresas y autónomos, valoradas en 11.000 millones de euros. En aquel entonces, el sector de la fabricación de zapatos conoció que había sido excluido de este paquete de ayudas directas. Tras la movilización de la industria del calzado en bloque, la cual consideraba esta decisión como «incomprensible», «incoherente» y «agraviante» (según las principales patronales del sector), el gobierno abrió la posibilidad a que fueran las comunidades autónomas las que pudieran incorporar aquellos sectores que considerasen relevantes para que accedieran a las ayudas. Por el momento, la gran mayoría de las comunidades con tejido industrial dedicado al zapato han mostrado su disposición a incluirlos como susceptibles beneficiarios de las medidas de apoyo.

A la catástrofe sobrevenida de la pandemia de la covid-19, este año se le han unido dos noticias que han hecho tambalear una industria que no atravesaba sus mejores momentos. Por fortuna, parece que ambos contratiempos van a solventarse felizmente.

Y cuando los empresarios del sector todavía no conocían si podrían o no acceder a los fondos públicos de ayudas, llegó la noticia sobre la apertura de una investigación por parte del gobierno estadounidense para decidir si aumentaba un 25 por ciento los aranceles al calzado procedente de determinados países europeos, entre ellos, España. De implementarse esta amenaza, pensada como una represalia por el Impuesto a Determinados Servicios Digitales (Tasa Google), los sobrecargos a las exportaciones nacionales con destino a EE. UU. oscilarían dentro de la horquilla comprendida entre el 35 y el 37,5 por ciento. Los nuevos aranceles supondrían renunciar prácticamente al mercado estadounidense, en la actualidad, el cuarto mayor comprador de zapatos españoles en el extranjero, el primero fuera de la Unión Europea. Además, estos gravámenes afectarían a aquellas marcas estadounidenses que subcontratan la manufactura de sus pares en nuestro país y que haría inasumibles estos pedidos tan importantes para nuestra industria.En los últimos días, la representante comercial de EE. UU. ha anunciado un aplazamiento de 180 días hasta tomar una resolución al respecto. Aunque la decisión aún no es definitiva, el aplazamiento durante seis meses más para aplicar los aranceles, suponen un respiro para el sector, el cual gana tiempo para que ambas partes negocien multilateralmente y manda una señal inequívoca: la nueva administración de Biden quiere llegar a un acuerdo dialogado.

Y, tras los sustos, las buenas noticias. Casi resueltas ambas amenazas para el sector, en las últimas semanas hemos conocido algunos datos económicos que invitan al optimismo. Por ejemplo, en marzo, después de más de un año, la producción de zapatos retomó a porcentajes en positivo (+9,8 por ciento); en ese mismo mes, la facturación del sector del calzado se disparó hasta el 30,8 por ciento, y el empleo volvió a crecer en 1.282 nuevos puestos de trabajo (+3,7 por ciento) en el mes de mayo. Tras haber estado al borde del precipicio, la industria del calzado vuelve a dar señales de recuperación.

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Categoría: Actualidad

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