Editorial: Nueva política trumpista
Para bien o para mal (seguramente para mal), el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca inaugura un nuevo escenario para las relaciones comerciales de todo el mundo. La estrategia proteccionista del nuevo presidente de los Estados Unidos, basada en la imposición de aranceles a las importaciones para favorecer la producción nacional, utiliza los sobrecargos como elemento de presión y medio para lograr concesiones por parte de los países amenazados.
Los primeros damnificados por este método a medio camino entre la negociación y la extorsión han sido Colombia, Canadá y México. Señalados por Trump, estos países sufrieron la imposición de aranceles desorbitados que hacían peligrar sus economías domésticas. Para postergarlos apenas un mes, los Gobiernos de Petro, Trudeau y Sheinbaum han transigido, con las demandas estadounidenses en materia de control de fronteras, entre otros asuntos. La dependencia comercial de estos países en relación con Estados Unidos es tan grande que la activación de los gravámenes supondría el colapso de las exportaciones nacionales colombianas, canadienses o mexicanas. En definitiva, la nueva diplomacia trumpista se basa en conseguir pequeñas concesiones (mayor control fronterizo, supervisión del contrabando de estupefacientes, aceptar deportaciones, etcétera) bajo la amenaza de arrasar la economía del país que no ceda a la presión.
Entre recibir aviones con unos miles de migrantes o sumir al país en una crisis económica sin precedentes, los interlocutores del presidente estadounidense optan, obviamente, por la opción menos lesiva. No obstante, todavía está por ver cómo funcionará esta política del abusón contra un país de las dimensiones de China. El matón ejerce como tal cuando la diferencia de fuerza es muy grande y no se arriesga a ningún daño, pero provocar un enfrentamiento comercial entre dos potencias como Estados Unidos y China, y esperar salir indemne es iluso. Por lo pronto, el Gobierno de Xi Jinping ya ha respondido a la amenaza del matón con aranceles adicionales sobre el gas natural licuado, el carbón, la maquinaria agrícola y otros productos procedentes de Estados Unidos.
La supervivencia de la Unión Europea, y en particular del su sector del calzado, dentro de este inestable panorama internacional dependerá de su pericia a la hora de innovar, de llegar a acuerdos bilaterales sólidos y de diversificar mercados.
¿Y la Unión Europa? Desde el otro lado del océano, la UE observa sin hacer mucho ruido y calcula cuándo será su turno. Probablemente, más pronto que tarde. Será entonces cuando el Gobierno de Bruselas deberá decidir si, pongamos por caso, aumenta su gasto militar y la compra de gas licuado a Estados Unidos o se somete a unos gravámenes inasumibles para industrias como la alemana o la italiana. No cabe duda de que acabará cediendo, claro, pero no para que todo siga igual.
La política iniciada por Trump no solo traerá consigo concesiones por parte de sus socios, sino que provocará el advenimiento de alianzas insospechadas, desconfianzas mutuas e inverosímiles rutas de comercio. La supervivencia de la Unión Europea, y en particular del su sector del calzado, dentro de este inestable panorama internacional dependerá de su pericia a la hora de innovar, llegar a acuerdos bilaterales sólidos y diversificar mercados. Para bien o para mal (seguramente para mal), se avecinan tiempos revueltos en los que toca aprender nuevas nuevas normativas y preferencias de consumo.
Categoría: Actualidad













