Editorial: La política del matón
La política del matón es predecible y fácil de entender. En resumen, el matón, seguro de su fuerza y superioridad, amenaza con dar una paliza a su oponente, claramente más débil y sin ninguna posibilidad de responder en los mismos términos. Bajo este ultimátum, el bravucón ofrece un pacto abusivo que libraría al otro de sufrir la somanta de golpes. «Dame tu bocata y no te haré daño», propone el matasiete. Por supuesto, en la mayoría de los casos, la parte intimidada acepta el chantaje para ahorrarse una tunda segura. En cambio, si este se resiste, se atiene a crueles represalias y, además, el matón lo culpará de su triste suerte por no avenirse a negociar. Así de sencilla es la política comercial desarrollada en la actualidad por los Estados Unidos.
Aunque hay que tener en cuenta que esta estrategia negociadora de extorsión solo funciona entre fuerzas desequilibradas. Donald Trump puede comportarse como un matón con adversarios pequeños o poco influyentes, pero no tanto con China, por ejemplo. Es por ello que la Unión Europea no solo acaba de firmar un acuerdo para la activación no recíproca de aranceles del 15 % a sus exportaciones con destino a los Estados Unidos, sino que también se ha significado ante el mundo como una potencia irrelevante dentro del concurso internacional, sin capacidad negociadora, dócil y subordinada.
La más clara evidencia del fracaso de las negociaciones la descubrimos al leer las reacciones de los partidarios (o menos pesimistas) con respecto al acuerdo comercial entre Estados Unidos y la Unión Europea, una respuesta que se podría resumir con un «podría ser peor». En el sector del calzado se dice en favor del arancel del 15 %: «La búsqueda de un terreno común —por desfavorable que sea— garantiza al menos una cierta estabilidad para las empresas europeas, que podrán operar con un horizonte más predecible» (AEC); «Este nuevo arancel es mejor de lo que se preveía y peor del que teníamos hace dos meses» (FICE); «Si bien el acuerdo proporciona un marco más estable que permitirá a las empresas planificar mejor sus operaciones comerciales, el arancel del 15 % sigue siendo preocupante» (CEC), o «La Unión Europea no puede hacerse pequeña porque cuando nos hacemos pequeños, quien lo paga, evidentemente, son las empresas y los trabajadores» (FICE-Almansa). La propia presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, lo único positivo que supo destacar tras entrechocar las manos con Trump fue que, al menos, ya no habría más dudas sobre en qué parte del océano se encontraba el vasallo: «Es un acuerdo que crea certeza en tiempos inciertos, da estabilidad y predictibilidad para ciudadanos y empresas a ambos lados del Atlántico».
Como todo el mundo sabe, cuando el matón obtiene el botín de su chantaje, nunca se detiene, sino que prosigue con su estrategia de depredación.
Pero fiar las bondades del pacto a una supuesta estabilidad o claridad de condiciones es de una ingenuidad que borda la demencia. Como todo el mundo sabe, cuando el matón obtiene el botín de su chantaje, nunca se detiene, sino que prosigue con su estrategia de depredación. Esta realidad, que conoce cualquiera que haya pasado por un patio de colegio, no ha tardado en revelarse a los pocos días de la rúbrica del acuerdo. De esta manera, en apenas dos semanas, Donald Trump ha vuelto a amenazar a la UE con aranceles del 35 % si no invierte 600 000 millones de dólares en su país.
El matón no va a parar de extorsionar mientras obtenga beneficio de la víctima. ¿Por qué lo iba a hacer?
Categoría: Actualidad













